¿¿¿Por qué???


Ayuno de Daniel

Por qué he vivido intensas amarguras?

¿Por qué, aun creyendo en Dios, vivo en un verdadero infierno? ¿Acaso nací para sufrir? ¿Sería ese mi destino, prueba, karma, mala suerte? No le hago mal a nadie. Si no puedo ayudar, por lo menos no molesto. Aun así, mi vida es un desastre. Me casé soñando con una nueva vida. Desde entonces, mis problemas se multiplicaron. ¿Acaso Dios realmente existe? Y si existe, ¿por qué nada me sale bien?

Respuesta

Hay dos señores en el mundo. El del Bien y el del mal. Independientemente de la religión, de la raza, de la cultura, de la clase social, de la creencia o incredulidad en Dios. Cada persona es sierva de Uno o de otro. Queriendo o no, creyendo o no, esto es un hecho. No hay forma de escapar de esa condición.

Nací siendo siervo del mal. No por opción, sino por ignorancia de mis padres. Cuando tenía uso de la razón me presentaron al Señor del Bien. La ceguera religiosa hasta entonces era tan intensa que no me daba cuenta de cuán perdido estaba. Creía sinceramente que la iglesia de san fulano era suficiente para librarme del Lago de Fuego y Azufre. Apocalipsis 20:15

No tengo palabras para describir aquellos momentos. Solo sé que mis ojos y oídos se abrieron y pude contemplar a mi Señor, oír y entender Su Palabra. Una alegría indescriptible tomó posesión de mi ser. No sabía si reía o lloraba, tamaño gozo en el alma. Nunca había tenido una experiencia como aquella. Mi alma se vació de un peso enorme y su lugar fue ocupado por el gozo celestial. Recibí un nuevo corazón y, consecuentemente, una nueva vida. Ese es el trabajo del Señor de la Luz. Generar vida nueva. Perfectamente nueva.

Yo Soy la luz del mundo; el que Me sigue, no andará en tinieblas”, dijo el Señor Jesús. Significa que, quien no Lo sigue, anda en tinieblas. Esta es la razón por la cual muchos tienen la vida en un infierno.

Si el patrón es opresor, el empleado será oprimido. Pero, si es justo, el empleado tendrá placer en servirlo.

La vida depende del señor a quien se sirve. Quien quiere cambiar de vida, primero tiene que cambiar de señor.

La persona puede recibir el milagro que sea, pero si no cambia de señor, su vida continuará siendo pésima.

¡Que el Espíritu de Dios abra el entendimiento de los lectores siervos del mal!