Yo iré a él…


Ayuno de Daniel

La manera como reaccionamos ante los problemas muestra nuestra condición espiritual y también cuál ha sido nuestra prioridad.

No son las muchas conquistas las que nos librarán de las aflicciones que tendremos, sino el saber en Quién estamos creyendo.

Cuando existe el bautismo con el Espíritu Santo, no resta la menor duda.
Por eso, no va a ser un problema, por mayor que sea, lo que comprometerá nuestra Salvación.

David era un hombre de conquistas y acostumbrado a vencer siempre.
Un día, su hijo se enfermó gravemente, y él buscó a Dios por el niño. Ayunó y pasó la noche postrado en tierra, y aun así murió.

Cuando lo supo, se levantó, se lavó, se ungió, y entró a la Casa del Señor y adoró; y después se alimentó. Esa manera de actuar causó espanto a sus siervos, y David dijo:

Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo VOY a él, mas él no volverá a mí. 2 Samuel 12:22-23

El niño estaba muerto físicamente, pero vivo espiritualmente. Él estaba con Dios.

Y David estaba dejando bien en claro que aquella situación no iba a comprometer su Salvación, porque él también, un día, estaría con Dios.

Yo conocí a una señora que había perdido a su marido, marido que, aunque hubiera muerto físicamente, quizá no había muerto espiritualmente. Pero la esposa, aún viva, estaba muerta espiritualmente a causa de la pérdida de su marido. O sea, el marido era todo para ella, era su prioridad.

El hijo de David era importante, pero no más importante que su Salvación.

Si la Salvación es lo más importante para usted, nada, absolutamente nada, podrá comprometerla.